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Comunicados   |   7 julio, 2016

Del Monito Rodríguez a Cuauhtémoc, cinco grandes extremos derechos.

El Túnel del Tiempo Americanista

Por Héctor R. Hernández, Historiador Oficial Club América.

Estimados hermanos águilas, la posición de ‘extremo’ es una de las más antiguas en el fútbol. Como bien sabemos, un futbolista que juega como extremo, alero, wing o como gusten llamarle es aquel que se sitúa en la banda lateral del campo de juego, cumpliendo una función ofensiva.

Sin mayor preámbulo continuaré ahora con el relato de los grandes cracks de nuestro equipo. Llegó el momento de hablar de los extremos derechos en el Álbum de Oro Americanista.

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Roberto Rodríguez Pérez, el famoso “Monito” llegó del Zacatepec en 1969 y siempre se destacó por ser un extremo muy veloz y hábil, cosa que lo llevó también a la Selección Nacional. Nació el 1 de abril de 1946 en Tlaquiltenango, Morelos y debutó en el torneo de Copa de la campaña 69-70 contra el Veracruz, juego que perdimos 0-2. Un partido después, contra los mismos Tiburones Rojos, marcó el primero de sus 20 tantos como azulcrema. Muy pronto, bajo el mando de José Antonio Roca se convirtió en uno de los jugadores más efectivos, no solo americanista, sino del fútbol mexicano, por su velocidad endiablada y su habilidad con el balón los pies. Era un extremo derecho driblador, muy caracolero. Sabía cómo y dónde servir el esférico para dejar al delantero con las mejores posibilidades de hacer un gol y prueba de ello fue que Enrique Borja anotó muchas veces gracias a los pases de este habilidoso jugador. Lamentablemente el 6 de noviembre de 1972, apenas en la jornada seis del torneo 72-73, jugando en el estadio Tecnológico contra la Pandilla del Monterrey, el regiomontano Vicente Álvarez le puso un planchazo en la pierna de apoyo y se la partió; tuvo una fractura delicada en la rodilla, donde además se le afectaron los ligamentos y meniscos y lamentablemente jamás pudo retomar su gran nivel. Tristemente no pudo regresar jamás a jugar un partido oficial con nuestro equipo, debido a lo tardado de su rehabilitación, y cuando volvió a una cancha profesional, fue tres años después, para jugar muy poco con el Zacatepec y así darse cuenta que no podía más para tener que retirarse. Una bofetada del destino truncó la carrera de este extraordinario futbolista que fue Campeón de Liga en la temporada 70-71, dejando desparramada siempre su clase en las canchas.

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Con apenas 20 años de edad, Enrique Ostos Luzuriaga, nacido en México, Distrito Federal el 22 de marzo de 1918, proveniente del juvenil equipo Lusitania, ingresó al Club, invitado por el entrenador, Rafael Garza Gutiérrez “Récord”. En primera instancia llegó contratado  para la segunda fuerza intermedia, y posteriormente subió a la  primera fuerza.  El 20 de septiembre de 1936, el América se enfrentaría a la selección de Cuba,  y Ostos entró a suplir a Arteaga cuando el marcador se encontraba 0-0. Pues bien, deslumbró a propios y extraños con su juego preciso y espectacular. Efectivo como pocos, sorprendió y al poco tiempo de haber ingresado, opacó a los otros jugadores que corrían tras el balón, sin adueñarse de él.   Así, en menos de 10 minutos, tres jugadas suyas, concluyeron en la red, ante el regocijo de los espectadores, que se preguntaron: “¿Quién es ése muchachito desconocido?“ El afamado locutor Sordo Noriega respondió con firmeza: “¡es Ostos!” Como jamás habían escuchado ese nombre, nadie en el parque se explicaba quién era ese “Ostos a secas”, y como no hubo respuesta, inmediatamente, en la grada le otorgaron el título del “Chamaco Ostos”. Esos goles fueron obra de los consagrados Luis “Tití”, García Cortina en dos ocasiones, y de Carlos Carral,  y  marcaron un debut inolvidable para este joven y prometedor jugador. Después, jugó regularmente, o sustituyendo a jugadores como Luis “Pirata Fuente” y Octavio “Pulga” Vial. Participó con nosotros durante 7 años y se retiró por la sencilla razón de que además jugaba cesta y ahí le pagaban $1800.00 por disputar ocho partidos y en cambio al jugar futbol sólo sacaba $800.00, por lo que en las mañanas practicaba el balompié y en las tardes se iba, sin comer, a jugar Jai-alai; a cada rato le daban calambres y en el frontón le indicaron que o dejaba el futbol o dejaba la Cesta, y como ahí ganaba más dinero, tuvo que dejar el futbol a los 24 años, no sin antes haber sido Campeón de Copa en 1937-38 -donde inclusive anotó un gol en la final al España- y claro está, una gran figura por el extremo americanista.

 

El 26 de mayo de 1932 nació en México, Distrito Federal José “Pepín” González quién fue un caso singular dentro del Club América. Era la temporada 52-53 y él empezaba en el futbol, que en aquellos tiempos, dicho sea de paso, no ofrecía mucho en lo económico a los jugadores. Viniendo de una familia acaudalada, su padre no toleró que su hijo se dedicara a este deporte… ¡y lo corrió de su casa! Tuvo que dejar la comodidad del hogar, donde no le faltaba nada, por el amor al futbol. Ahí empieza la carrera de este gran americanista que al salir de casa con las manos vacías, se las vio negras.  Entrenó dos meses con las reservas y hacía muchos goles, razón por la cual fue llamado rápidamente al primer equipo, de un conjunto que en aquel entonces peleaba los últimos lugares del torneo.  Faltando cinco duelos para terminar la campaña, su técnico Octavio Vial lo llamó y le avisó que iba a debutar, ni más ni menos que contra el Guadalajara. El momento de la verdad llegó, y lo hizo de maravilla, a tal grado de haber anotado uno de los goles con que los Cremas vencieron al Chiverío 3-2 el 16 de noviembre de 1952. Fue portada en todos los periódicos y reconocido como el mejor jugador del partido. De ahí en adelante siguió su brillante carrera como azulcrema por años y años, donde se hizo insustituible en el equipo, marcó muchos goles, resultó tres veces Campeón de Copa, y una de Campeón de Campeones. Realizó 43 goles y fue un baluarte del americanismo durante mucho tiempo. Su amor a los colores es lo que más lo distinguió ya que su padre, aquél que lo corrió de su casa cuando apenas empezaba, luego al darse cuenta del enorme error que cometió, le pidió perdón y lo intentó llevar a jugar al Gijón en España, pero “Pepín” se negó, pues el arraigo a los colores americanista estuvo siempre por encima de todo, por lo que siguió jugando hasta la temporada 64-65, tras trece largos años con nosotros.

 

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Uno de los mejores extremos derechos que mis ojos hayan visto llegó a México a principios de 1981. Proveniente del Santos, siendo jugador de la selección nacional brasileña, Nilton Pinheiro da Silva, que nació el 5 de Noviembre de 1954 en Paranaense de Londrina, deslumbró a todos desde su debut -contra el Guadalajara el 18 de enero de 1981, partido que ganamos 1-0-, por su futbol vistoso, efectivo y espectacular. Fue contratado para el torneo 80-81, cuando iba ya casi a la mitad del certamen, y los resultados habían sido muy malos para nuestro que equipo que estaba en su peor campaña en la época de las liguillas. “Batata” se consolidó como un formidable, carismático, inteligente y veloz jugador; driblador, con clase y goles. Le tocó el cambio de  Cremas a Águilas y fue el primer anotador de un tanto en la vida de las ‘nuevas Águilas’, al marcar un golazo de chilena al Neza el 20 de septiembre de 1981. Tuvo la fortuna de ser parte del mejor cuadro de toda la historia del club América, en la temporada 82-83, siendo él parte fundamental de los logros de ese equipo. Desgraciadamente para él brasileño, no pudo cristalizar su formidable futbol con un título, porque al terminar ese torneo decidió volver a su país, donde tenía una jugosa oferta, que no pudieron despreciar ni él, ni el club. Su primer gol lo marcó a los Pumas de la Universidad Nacional en la fecha 27 del campeonato 80-81 y su último fue a las Chivas Rayadas, en el juego de Ida de las Semifinales de ese mencionado 82-83. Curiosamente, así como debutó contra el equipo tapatío, su último partido fue también contra el rebaño, en el duelo de vuelta de las semifinales de la citada 82-83.  En total disputó 102 partidos en tres torneos, contando Liga y Liguillas y anotó 19 goles.  Es el mejor extremo derecho extranjero en la historia del equipo y además está catalogado dentro de los mejores brasileños de toda la vida del club América. Se metió muy rápido al corazón de la afición americanista y se recuerdan pocos extremos tan finos, veloces y con su clase.

 

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Cuando Miguel Ángel ‘Zurdo’ López fue contratado para hacerse cargo del equipo como técnico relevo en la temporada 92-93, llegó a su primer entrenamiento en Coapa y fue conocer a todos los jugadores; volteó a ver las fuerzas básicas y le llamó mucho la atención un chamaco descarado, pícaro, rápido y encarador. Le gustó tanto que lo incluyó en el primer equipo y lo citó a la concentración previa al juego de su debut. Para la siguiente jornada, el 5 de diciembre de 1992, jugando contra el León en su estadio Camp Nou, -cotejo que terminó empatado a un tanto- decidió hacer ingresar al muchacho en cuestión. Su nombre, Cuauhtémoc Blanco Bravo, un auténtico diamante en bruto. Nacido el 17 de enero de 1973 en el Barrio de Tlatilco de México, D.F., posteriormente se trasladó a los rumbos de Tepito. Fue Ángel González, “Coca”, buscador de talentos del Club América quien lo descubrió en el llano. Al llegar con las Águilas en 1990, era un joven callado y cohibido, fue recibiendo oportunidades en fuerzas básicas y gracias a sus virtudes subió de nivel rápidamente.  La mayor parte de su carrera la desarrolló como extremo derecho. Luego fue cambiando de posición, de acuerdo a su inigualable talento. Era un mago con el balón en los pies, rapidísimo, letal, contundente, goleador. Jugó como punta también, y terminó siendo un maravilloso medio creativo. Su primer gol lo marcó a la Universidad Autónoma de Guadalajara el 16 de septiembre de 1994. Su tanto más importante fue en la Final del Verano 2005, juego de ida, cuando las Águilas empataron a uno con los mismos Tecos el 26 de mayo. La importancia de ese tanto recae en que, gracias a ésta anotación, igualamos el juego, y el rival tuvo que llegar a buscar el triunfo en el partido de vuelta. Su último gol con el América fue el 27 de mayo de 2007, durante la Final del Clausura 2007 en el estadio Hidalgo contra Pachuca. Fue Campeón de Liga, Campeón de Campeones, de Concacaf, además de resultar monarca de goleo en el Invierno 98’. Recibió el Balón de Oro al ‘Mejor Jugador del Apertura de 2005’, al ‘Mejor del fútbol mexicano en 2006’ y al ‘Mejor Jugador del Clausura de 2007’. Es el segundo máximo goleador del equipo con 152 goles oficiales, que incluyen Liga, Concacaf, Libertadores e Interliga. Un exquisito que nació para jugar futbol, tocado por el señor y adorado por millones y millones.

 

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No puedo dejar de mencionar a extremos derechos voladores como Juan Terrazas y sus goles que nos dieron títulos, Francisco Moacyr y su clase goleadora, Albino Morales y su velocidad olímpica, José “Cocodrilo” Valdéz y su habilidad entrando al área, Efraín “Fanny” Munguía y sus relevos mortales y efectivos, FranciscoPaquito” Valdéz y su atlético estilo, así como a Cristóbal Ortega y sus inicios como un extremo letal. A ellos, mis respetos y agradecimiento por tantos momentos de alegría que nos hicieron pasar.

 

En nuestra siguiente entrega, hablaremos de los centros delanteros. Mientras tanto, que siga rodando el balón… hasta la próxima.

 

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