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Comunicados   |   4 agosto, 2016

Del Coco Gómez a Zaguinho

Cinco grandes extremos izquierdos

El Túnel del Tiempo Americanista

 

Por Héctor R. Hernández, Historiador Oficial Club América. (@realidadamerica)

 

Queridos hermanos azulcremas que tan amablemente me leen y para quienes me debo, como lo dije hace un par de entregas, la posición de ‘extremo’ es una de las más antiguas en el fútbol. Un futbolista que juega como extremo, interior –como se les llamaba anteriormente-, alero, o wing es aquel que se ubica en la banda lateral del campo de juego, cumpliendo una función ofensiva.

Llegó el momento de hablar de los extremos izquierdos en el Álbum de Oro Americanista así que continuaré ahora con el relato de los grandes cracks de nuestro equipo, justo en la última posición del terreno juego.

 

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Jorge Gómez Gutiérrez, apodado el “Coco” nació el 8 de agosto de 1946 en México, Distrito Federal. Comenzó su carrera como jugador en las fuerzas inferiores del Club América, donde también recibió su primer contrato profesional… era un chamaco veloz e inteligente. Debutó en la temporada 64-65 contra el Atlante en la jornada 17 con una derrota 0-1, el 24 de septiembre de 1964. Desde que apareció despuntó, se notó su clase y técnica individual. Le costó trabajo al principio de esta primera campaña hacerse de un lugar en el cuadro titular americanista ya que solo regresó a la oncena titular tres veces más, pero para el siguiente certamen, el 65-66 empezó a tener ya toda la regularidad. Tenía una clase como muy pocos, fino y elegante, inclusive tenía un plus, le pegaba muy bien a la pelota parada. La primera vez que anotó en Primera División, fue contra el Monterrey el 21 de agosto de 1965, y no fue uno, ni dos, fueron tres los goles con que se despachó, en la goliza como visitante a La Pandilla 5-1. Fue además, un aporte valioso para lograr el título de Liga en esa mismo certamen, ya que en el último partido del campeonato ante el Veracruz jugado el 19 de diciembre de 1965, anotó un gol que deslumbró a todos en el estadio de la CU: era el minuto 35 de la segunda parte y hubo un tiro de esquina a favor de los Cremas. Nuestro juvenil extremo se alista a ejecutarlo y lanza el balón con un efecto increíble que empieza a tomar altura, el arquero rival Elizondo y el ariete azulcrema Javier “Chalo” Fragoso intentan ir por la pelota en el aire y de pronto el esférico se desploma, hace una curva y se mete a la portería. ¡Gol Olímpico, decisivo!… “Mi intención fue mandar un centro cerrado, pero tuve la suerte de que el balón entrara… ¡Y se siente re bonito, palabra!”, dijo con toda la franqueza del mundo en los vestidores una vez concluido el juego y ya campeones, donde gracias a ello pasó a la posteridad. Jugó con los Canarios hasta el torneo México 70’, siete buenas temporadas, donde dejó todo en la cancha y un legado inolvidable: su golazo olímpico.

 

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Luis García Cortina, mejor conocido como el “Tití” por lo delgado de su complexión, pese a jugar como interior, siempre demostró que tenía dotes de goleador. Procedente del Necaxa llegó a nuestro club para disputar la Liga 38-39, debutando el 18 de diciembre de 1938 en la jornada 2, ante el España, cuando además anotó su primer tanto como americanista. Como azulcrema terminó por consagrarse y se dedicó en cuerpo y alma a sus nuevos colores. Poseedor de un gran disparo de pierna zurda, se daba el lujo también de pegarle perfecto con la derecha. Picaba y corría por las bandas, era un maestro en el área, donde llegaba siempre con balón controlado y sorprendía con su potente cañonazo. Sus piernas encerraban lo más positivo de la delantera americanista, y en ellas confiaban todos aquellos que suspiraban por el jersey crema. En la temporada 38-39 ante el Atlante, el 23 abril 1939, en la fecha 10, anotó los cuatro goles con los cuales derrotamos a los prietitos. Fue seleccionado nacional por mucho tiempo, además de caracterizarse por reforzar al resto de los equipos mexicanos en diversas series internacionales. Justo en uno de esos agarrones, en 1940, el cuadro argentino Vélez Sarsfield disputó una serie de encuentros en tierras aztecas y nuestro “Tití” ayudo a varios conjuntos nacionales en esos duelos. Causó tan buena impresión en el club del barrio de Liniers que éste le ofreció contrato, situación que no fue del agrado de nuestros aristócratas aficionados, que a gritos pelado pidieron que no se fuera. García Cortina disputó su último encuentro en su primera etapa con nuestro equipo el 4 de febrero de 1940 para convertirse en el primer futbolista mexicano en jugar en las tierras argentinas. Allá no le fue muy bien y regresó a jugar con los Cremas con quienes reapareció el 30 de marzo de 1941, anotando los dos goles en la victoria 2-1 ante el Marte, en la jornada uno del torneo de Copa. Cuando volvió a nuestro país, viajó en avión, de Buenos Aires al Distrito Federal, y siendo esta vez la primera en su vida que usaba ese medio, quedó encantado, al grado que en sus ratos libres decidió aprender a volar. Joven, estrella, goleador, decide, en 1943, a los 29 años colgar los botines para convertirse, con licencia en mano, en Piloto Aviador.

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Le gustaba mucho tirarse al centro del área así como recorrer la banda desde su mitad de campo. Era Florencio Caffaratti Chisalvo, interior argentino, que jugó cinco temporadas en nuestro equipo y dejó un recuerdo imborrable por su fútbol pensante, técnico y lúcido. Su historia es muy singular. Nació en El Trébol, provincia de Santa Fe, Argentina el 3 de mayo de 1919. Lo que significa que llegó al América cuando tenía 24 años. Conocido en su país como el ‘Chin’, llegó procedente del Banfield y fue el primer futbolista argentino que jugó en nuestro equipo. Debutó en la temporada de Liga 43-44, el 5 de diciembre de 1943, en la jornada 6 del torneo jugando contra el Veracruz, en la derrota americanista 4-6. Justo a la siguiente fecha, la 7, recibimos al Altas, y ‘Caffa’ se estrenó al anotar uno de los tantos en nuestra victoria 3-2 ante las Margaritas. Entró al libro de datos y estadísticas del Club América por ser también el primer futbolista azulcrema en anotarle un gol al Deportivo Guadalajara, situación que ocurrió el 16 de enero de 1944, cuando en la jornada 9, jugaron Chivas y Cremas un partido de Liga por primera vez en la historia. Fue nombrado esa misma campaña como ‘jugador revelación’ del primer torneo de la llamada “época profesional del Futbol Mexicano”. Es recordado por anotar un póker de goles en la temporada 45-46 al Tampico, el 23 septiembre 1945, durante la jornada 4. Uno de estos tantos, por cierto, fue calificado como “un gol de época”, ya que fue uno de los más hermosos que se habían visto desde las nuevas adecuaciones a la competencia en México. Fue un tiro desde afuera del área de volea que acabó en el ángulo superior izquierdo del arquero de la Jaiba. Su fútbol cautivó y su nombre empezó a ser familiar en los círculos futbolísticos. Era tan bueno, que el Barcelona de España se fijó en él y para poder salir del América tuvo que comprar su carta al club por 10.000 pesos. Llegó a jugar con los Culés y dos años después regresó al futbol azteca, para que en la campaña 51-52 retornara a nuestro equipo donde siguió jugando, anotando y triunfando convirtiéndose en uno de sus mejores anotadores en la historia. Siempre acostumbró al respetable a dar cursos de como jugar con toda la clase del mundo al futbol. Falleció el 22 de Septiembre de 2003.

 

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Nació en Santiago, Chile el 21 de junio de 1951. De los grandes extranjeros en la historia del club, el mejor extremo izquierdo foráneo sin dudarlo, un auténtico crack. Era Miguel Ángel Gamboa Pedemonte uno de esos casos por los que uno pagaba un boleto de entrada a los estadios, por verlo jugar simplemente a él. Fue adquirido a los Tecos de la Universidad Autónoma de Guadalajara en la temporada 78-79, llegando en un intercambio con el paraguayo Hugo Enrique Kiese. Desde que se anunció la contratación del andino, la afición azulcrema estalló en júbilo ya que se trataba de un soberbio futbolista que enloquecía a todas defensivas a las que se enfrentaba. Le gustaba encarar al rival, burlarlo y llegar al fondo de la línea. Los buenos calificativos son interminables para este maravilloso jugador: rápido, muy rápido -como pocos- y goleador, descarado, pícaro, vivo, popular, mediático. El Flaco y espigado seleccionado nacional chileno debutó como americanista en la Jornada 1 jugando contra el Tampico el 8 de septiembre en el estadio Azteca, cuando los Cremas ganaron 2-1 y el “Loco”, como se le conocía, anotó el tanto de la quiniela. Jugó aquí de 1978 a 1981 y anotó 44 goles que para ser un alero izquierdo natural y puro, fueron muchos en los 116 partidos que disputó con la camiseta del conjunto de Coapa. Luego de una excelsa campaña 79-80, para la temporada 80-81 se tardó en firmar la renovación de su contrato y no inició el campeonato, justo cuando más se le necesitaba. ¿Por qué te tardaste en firmar tu contrato para la 80-81, temporada en la cual estampaste tú rubrica muy avanzado el torneo?, le pregunté en una entrevista hace poco. Su respuesta fue tajante: “Porque me ofrecían muy poco dinero y mi campaña anterior había sido muy buena. Ese era uno de los problemas en América, no me querían pagar lo que yo quería. Pero al final tuve una conversación con don Emilio Azcárraga Mílmo y llegamos a un acuerdo, creo que fui uno de los pocos jugadores del America que arregló su contrato directamente con don Emilio”. Ese era Miguel Ángel Gamboa, genio y figura, capaz de hacer entrar en cólera a los rivales y hasta a sus mismos dirigentes, que no tuvieron más remedio que doblarse ante la calidad del jugador.

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Era la final del Prode 85’ y me encontraba en el entonces Palco Presidencial con mi gran amigo Pablo Herranz, jugador americanista y que no había sido convocado al partido. Junto a nosotros, estaba un callado, espigado y flaco muchachito. Lo saludó a él y luego a mí.

-“Es Zague”, me dijo Pablo.

-“¿Zague… mmm, será hijo del ‘Lobo Solitario’ que jugó aquí en los sesentas?” le pregunté.

-“Sí, acaba de llegar al club. Vamos a decirle que siente con nosotros”.

Pronto se le quitó ‘lo callado’ y empezó a interactuar conmigo como si fuésemos amigos de toda la vida. El resto fue como final de telenovela, las Águilas remontaron el 1-4 al Tampico Madero y Pablo, ‘Zague’, Elías Ledezma –otro jugador de las fuerzas básicas- y yo acabamos festejando el título en el mítico “Flash Taco” de Avenida Revolución. ¿Quién iba a decir que 31 años después estaría yo aquí como Historiador Oficial del Club América escribiendo para ustedes sobre Luis Roberto Alves Gavranic, el máximo anotador azulcrema de todos los tiempos? “Zaguinho” nació el 23 de abril de 1967 en México, Distrito Federal y empezó a jugar en el Corinthians de Brasil, de donde llegó a tierra azteca en 1985 para probar fortuna en el cuadro donde su padre había triunfado. Debutó en el torneo México 86´ en la jornada 4 ante la Universidad de Guadalajara, empatando a cero. Ahí empezó la historia de éste zurdo natural que se metió en el alma y corazón de nuestro América por sus grandes actuaciones, goles y amor al equipo. Exclamado por sus seguidores, idolatrado por los niños. Extraordinaria persona, deportista ejemplar. Multicampeón, anotó 189 tantos oficiales: 143 en Liga, 19 en Liguilla, 15 en Copa y 12 en Concacaf. ¡Nadie jamás en nuestro conjunto anotó tantas veces como él! Su estreno mojando la portería rival fue ante el Puebla, en el estadio Cuauhtémoc el 22 de diciembre de 1985. Fue seleccionado nacional varias veces y Mundialista en Estados Unidos 94’. Jugó dos etapas con nosotros. Primero de 1985 a 1996 y luego de 1997 a 1998. En 2003 tuvo un partido de homenaje, en el estadio Azteca enfrentando al Barcelona de España, siendo el único jugador en la historia del equipo, que ha recibido un juego de este tipo. Luis Roberto es recordados por toda la afición y como a pocos se le quiere tanto: como verdadero ídolo e icono del Americanismo.

 

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No puedo olvidarme de otros grandes extremos izquierdos como Juan Manuel Borbolla, el internacional extremo volador doblemente campeón de Liga -70-71- y Copa -73-74-, Luiz Alberto da Costa “Luizinho” y su invaluable aporte en las finales de Concacaf contra Robinhood y Copa Interamericana ante Boca Juniors aparte de sus golazos de fuera del área, Christian Patiño y su tanto en la final ante Necaxa en el Verano 2002 más los tres goles a la Universidad Nacional el día de la victoria 1000 americanista, Adrián Camacho, quien jugaba por ambos costados y su letal gol en la final de Liga 87-88 frente a los Pumas, Benito Contreras y su par de importantísimos goles frente al Aurrera con los que nos coronamos en el torneo de Liga 26-27, José “Curro” Buendía, sus siete años y su valiosa intervención en los títulos coperos de los cincuentas, Federico Ortiz Maldonado y sus desbordes en los tres campeonatos -2 Copas y una Liga- de los años sesentas, así como su acoplamiento a jugar por la banda derecha a veces, Ronald Martell y su inolvidable debut a solo tres días de haber aterrizado en México de su natal Curazao y Alberto “Niño” Ordaz y su aparición a los 16 años enloqueciendo a la defensiva del Cruz Azul. A estos extraordinarios extremos izquierdos, mi agradecimiento por todos los momentos de alegría que nos regalaron.

 

En nuestra siguiente entrega, hablaremos de los Directores Técnicos. Mientras tanto, que siga rodando el balón… hasta la próxima.

 

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