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Comunicados   |   23 junio, 2016

De Bacas a Reinoso, cinco grandes medios ofensivos

El Túnel del Tiempo Americanista

 

Por Héctor R. Hernández, Historiador Oficial Club América.

Mis siempre queridos hermanos americanistas. Continúo con la reseña de los grandes jugadores de nuestro equipo, aquellos que han dejado huella y su legado es infinito.

En el Álbum de Oro Americanista llegó el momento de hablar de la posición que más me emociona. Es aquella donde los jugadores son unos genios. Gracias a estos futbolistas, uno paga el boleto de entrada al futbol. En ellos recae la responsabilidad de la creación ofensiva del cuadro, son los genios del equipo, los magos, los exquisitos, los talentosos, los cracks, son los medios ofensivos.

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Nacido el 20 de diciembre de1953 en Tucumán, Argentina, Eduardo Antonio Bacas Roja llegó del Rosario Central en 1982. Carlos Reinoso, nuestro entrenador en esa época fue a Sudamérica junto con Panchito Hernández a buscar refuerzos para el equipo, y cuando vieron jugar a Bacas por primera vez, quedaron impresionados; hicieron todo por traerlo y no se equivocaron ya que se hicieron de un verdadero crack. No podían fallar ya que el conjunto azulcrema venía de una mala temporada y varios jugadores extranjeros iban a salir de la institución.  El “Tucumano” como se le conocía, era un finísimo jugador, con un talento envidiable, una visión de campo amplia y manejaba el doble perfil. Debutó oficialmente contra los Coyotes del Neza en la jornada uno del torneo 81-82, duelo que terminó con empate a uno gol. Era un líder dentro y fuera del terreno de juego. Le tocó un momento difícil, el de la transición de Cremas a Águilas y pese a que tardó un poco en entrar en ritmo y acoplarse a la vida en la Ciudad de México, terminó imponiendo su majestuosa clase. Llegó junto a Mario Marcelo Favaretto y Norberto Outes, pero solo él duró en el equipo y se hizo indispensable en él, entregando magníficos resultados, al salir Tricampeón de Liga en los torneos 83-84, 84-85 y Prode 85. Las finales tuvieron un sabor agradable para él, ya que en su primera, contra las Chivas Rayadas del Guadalajara marcó su gol más significativo, el más recordado, el más mediático; mientras que en su tercera y última, ante la Jaiba Brava del Tampico Madero, hizo el tanto más importante ya que su anotación nos dio el campeonato, habiendo anotado un par de pepinos esa mañana de octubre. Jugó en nuestro equipo hasta la temporada 86-87. “La grandeza de América se consiguió con los títulos, con la forma en cómo jugaba. Nosotros los americanistas teníamos que ser distintos, tratando de brindar espectáculo a la gente, porque ese era el mensaje que recibíamos”, indicó tiempo después al referirse sobre lo que implicaba ser jugador de las Águilas.

 

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Gonzalo Farfán Infante llegó para la temporada 84-85. Nacido en México, Distrito Federal, el 25 de febrero de 1961, arribó a nuestro equipo inmerso en la polémica ya que las Águilas hicieron un intercambio con el Atlante; Javier Aguirre quién acababa de ser campeón y pieza angular en la temporada 83-84 pasó a formar parte de los Azulgranas, mientras que en su lugar recibimos a cambio a este novato –con apenas un par de años en la Primera División-, hijo por cierto de Salvador Farfán, otro gran ex jugador azulcrema en la década de los cincuentas. Esta acción fue un duro golpe en su momento para la afición americanista, ya que “El Vasco” era una figura consumada y seleccionado, mientras que Farfán era un jovencito centro delantero en formación. Pero la historia dijo que quien decidió este intercambio no se equivocó, ya que el “Negro” cumplió con creces y se metió al corazón de los seguidores desde el primer momento, por su innegable profesionalismo, su estupenda técnica individual y por su aporte con goles. Fue polifacético ya que llegó como centro delantero, actuó como extremo, pero fue como mediocampista como realmente destacó. Debutó el 17 de agosto de 1984, en la jornada 1 contra el Potosino en el estadio Azteca. Hizo 76 goles oficiales con la casaca Águila y es uno de los mayores anotadores en la historia del club con el cual ganó todo: Liga, Campeón de Campeones, Concacaf y Copa Interamericana. Considerado uno de los jugadores con mejor visión de campo, fue nuestro capitán en sus últimos torneos. Muchas veces seleccionado nacional, no pudo participar en algún Mundial debido a que en su mejor momento surgió el escándalo de los “Cachirules”, de todos conocido, que privó al TRI de asistir a la Copa del Mundo en Italia 90´. Su gol más importante, sin lugar a dudas fue el segundo que le anotó a los Pumas de la Universidad en la final de Liga 87-88, con el cual marcamos la diferencia para lograr el título. En una mañana inolvidable para él, Farfán marcó dos tantos esa vez.

 

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Todo un personaje es Alberto Daniel Brailovsky. “El Ruso” nació el 18 de Noviembre de 1958 en Buenos Aires, Argentina. Llegó del Independiente de Avellaneda, muy joven al América, recién casado y con todo el futuro por delante. Ya había jugado en la selección Argentina, a lado de Diego Maradona, Mario Kempes, Daniel Passarella y Ubaldo Fillol cuando Panchito Hernández y Carlos Reinoso fueron por él. Éste argentino llegó, vio, jugó y triunfo. Y entendió perfectamente lo que significaba el club América. Era un crack que agarraba el balón en media cancha y ningún rival se lo podía quitar. Fue un “medio-delantero”, totalmente adelantado a su época, que ponía cualquier cantidad de pases para gol o él mismo los anotaba. Llegó como solución y lo fue. Le costó trabajo su primer torneo, ya que fue operado, pero volvió y debido a que el equipo tenía más extranjeros registrados (Zelada, Bacas, Outes, Batata y el propio Brailovsky) de los que se permitían que jugaran, se intercaló con los demás. Debutó el 1 de Octubre de 1982 en el estadio Plan de San Luis, jugando contra el Atlético Potosino, cuando en la fecha 5 del Torneo de Liga 82-83, las Águilas dirigidas por Carlos Reinoso ganaron 2-0. Para la siguiente campaña, llegaron los triunfos con títulos y la titularidad indiscutible. Fue la figura y el guía del equipo campeón de Liga en la final 83-84, dando los pases para los cinco goles que el equipo le marcó al Chiverío en ambos juegos de esa final; de igual manera en el juego decisivo de la 84-85 contra los Pumas, anotó dos y puso el servició para el tercero. Finalmente en el Prode 85’ fue factor clave también, ya que jugó hasta los cuartos de final siendo fundamental para que llegáramos a esa instancia. Lastimosamente vinieron los terremotos en la Ciudad de México, su esposa estaba a punto de dar a luz y decidieron irse a Argentina, a tener el parto allá. Hizo el primero de sus 34 goles como americanista el 15 de octubre de 1982 al Monterrey en el estadio Azteca. Su tanto más importante fue en la final de Liga 84-85, el 28 de mayo en el estadio Corregidora contra la Universidad Nacional, cuando logramos el bicampeonato.

 

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Nacido el 8 de junio de 1964 en Sergipe, pero criado en Río de Janeiro, Brasil y siendo un auténtico desconocido, llegó a México para la temporada 87-88 Antonio Carlos Santos. Por el límite de extranjeros se dudaba que se quedara, pero sobre el tiempo, Héctor Miguel Zelada no se arregló con el equipo y el “Negro” ocupó la última plaza foránea. Debutó oficialmente en el torneo de Concacaf ante el Saprissa con una victoria de 2-1. No jugaba mucho al principio en esa primera temporada bajo las órdenes de Vicente Cayetano Rodríguez; las Águilas no caminaban y el entrenador argentino fue destituido. Con la llegada del brasileño Jorge Viera y con la deserción de peruano Julio César Uribe, el famoso número “13”, procedente del Mogi Mirim Esporte Clube, se adueñó del puesto titular y mostró su inigualable y extraordinaria técnica individual, exquisita como pocas. Este hombre hacía magia con el balón, como ninguno y al decir “como ninguno”, es literal.  Ganó el Citlalli al ‘Mejor Jugador de la Temporada’ 87-88’. Fue Bicampeón de Liga en la misma 87-88 y la 88-89, anotando en ambas finales; ganó el Campeón de Campeones esas mismas campañas, resultó monarca de Concacaf en 87 y 90; Conquistó la Copa Interamericana en 1991. Su primer gol, con el sello de la casa, -desde afuera del área al ángulo-, lo hizo al Monterrey en el Tecnológico el 12 de septiembre de 1987. Su tanto más importante fue en la Final del Torneo de Liga 88-89, juego de ida, en el estadio Azteca, cuando el América ganó 3-2 al Cruz Azul y su anotación de penal fue el de la diferencia –el segundo encuentro terminó emparado-. Jugó hasta la temporada 93-94, con un intervalo en la 92-93 en la que fue al Porto. Anotó en total 63 goles oficiales y varios más en partidos amistosos, y fue en un juego de estos, ante el PSV Eindhoven en el Coloso de Santa Úrsula, cuando la noche del 7 de junio de 1989 marcó el más hermoso de sus tantos, al burlar a tres jugadores, romperle la cintura a Ronald Koeman y ponerla de vaselina en la meta de Hans Van Breukelen, ¡un golazo que reflejaba lo que su futbol era: alegría!

 

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Al pensar, mencionar o escribir el nombre de Carlos Enzo Reinoso Valdenegro uno tiene que ponerse de pie, cerrar los ojos y visualizar el futbol en plenitud como un auténtico espectáculo. El 7 de marzo de 1946 en Santiago de Chile vio la primera luz quien para mi es el mejor jugador en la historia azulcrema. En 1970, antes de celebrarse el Mundial en México, los Cremas disputaron un Pentagonal en Chile. Reinoso, era futbolista del modesto Audax Italiano y había sido solicitado por el Colo-Colo como refuerzo. Al Santos de Pelé le anotó y cuando le tocó enfrentarnos, hizo lo propio, jugó muy bien y Pachito Hernández así como Pedro Portilla quedaron maravillados con él. Había sido recomendado por Alejandro Scopelli y le llamaron al presidente Guillermo Cañedo para que enviara el dinero del traspaso y así en una semana Reinoso ya era americanista. Al llegar a nuestro país nadie lo conocía, pero se fue ganando el aplauso y el cariño de la gente. Debutó el 26 de febrero, en la jornada 4 del torneo México 70’ contra el Atlante (1-1). Su primer tanto lo convirtió al Atlas en el Azteca. Dueño de una técnica individual maravillosa, el “Gran Chaparral” no tardó en enchufarse al medio mexicano, a pesar de que en su primera temporada recibió varias críticas. Pero para su segunda campaña, la clase del chileno, revolucionó al futbol nacional. Con José Antonio Roca en el timón se convirtió en el “táctico” del equipo, y fue considerado el mejor jugador del certamen 70-71, en el cual fuimos campeones- con un gol suyo-. En la Copa 71-72, le anotó un golazo ¡de media cancha! al Atlético Español. Con el paso de los años su futbol era cada vez mejor. Mundialista en Alemania 74’, después de haber sido campeón de Copa en 73-74 regresó para coronarse en la Liga 75-76, anotándole un gol inolvidable, de “rabona”, en la final de ida a la Universidad de Guadalajara. En 1978 ganó el título de Concacaf y la Copa Interamericana ese mismo año, gracias a un portento de anotación al Boca Juniors en el último minuto del partido, sin duda, el más importante de los 98 goles oficiales que metió. Así como llegó de un momento a otro, se retiró en 78-79, dejando el legado más grande que algún futbolista haya dejado en éste equipo.

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Justo en esta posición es que el América ha tenido brillantísimos jugadores. Solo porque el espacio es corto y no puedo extenderme mucho, no profundizo ahora en ellos, pero recordar a Eduardo dos Santos “Edú”, sus grandes goles y sobre todo su pase de “rabona”; a Hugo Enrique Kiese y su golazo de tiro libre en la final, a Alfredo “Viejo” Sánchez y sus tres goles de cabeza a Ernesto Pauler, arquero del Necaxa, al “Cabezón” Juan Antonio Luna y sus centros para los goles de todos sus compañeros, al inolvidable Mario Pavéz, su toque mágico y sus golazos burlando a medio equipo rival, a Luis “Oso” Cerrilla y su responsabilidad en un cuadro plagado de jugadores hechos en casa, habiendo el nacido en otro equipo, a Hernán Cabalceta y sus innumerables anotaciones siendo él mediocampista, a Kalusha Bwalya y su magia africana, al “Tato” Germán Martelotto y sus 20 goles y su compromiso, al “Dr.” Carlos Garcés, su elegancia y su “Sikitibum”, a Antonio Martíns “Toninho” y su golazo al Monterrey en la semifinal de Liga y a Fabián Estay y su empuje en la Copa Libertadores, es recordar entre otros a quienes sin lugar a dudas fueron unos inolvidables cracks, profesionales y entregados… ¡Uf!

En nuestra siguiente entrega, hablaremos de los extremos derechos. Mientras tanto, que siga rodando el balón… hasta la próxima.

 

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