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Centenario   |   7 septiembre, 2016

Alcindo, Reinoso y Puente una aventura inolvidable

El Túnel del Tiempo Americanista

Por Héctor R. Hernández, Historiador Oficial Club América. (@realidadamerica)

Mis queridos amigos americanistas, ahora con la triste noticia del fallecimiento del gran Alcindo Martha de Freitas en su natal Brasil me vino a la mente una anécdota maravillosa, que me marcó y que voy a compartir con ustedes.

Era el año de 1976, había cumplido ‘los trece’ y me consideraba ya un americanista furibundo, leía desde los ocho años todas las secciones deportivas de cuantos periódicos me encontrará: ‘Excelsior’, ‘Novedades’, ‘El Heraldo de México’, ‘El Sol de México’, ‘Esto’, ‘Ovaciones’, ‘La Afición’ y más adelante ‘Estadio’. Ya me “había tocado” ser campeón de Liga en 70-71 y de Copa en 73-74. Mi Americanismo avanzaba así como mi edad. Y conforme uno va ‘haciéndose grande’, los conocimientos aumentan, así como el interés por lo que a uno le gusta.

Yo adoraba ya ‘el deporte de las patadas’, y para mi corta edad, me sentía un “experto en futbol”. Niño, claro está, pero experto, ja-ja. No había semana que no comprara, o mejor dicho, me compraran mis padres o abuelos, toda la bibliografía indispensable del momento: antes que nada, mi ‘Fibra América’, la revista ‘Penalty’, ‘Balón’, ‘Gol’, ‘Futbol’, ‘Deporte Color’, ‘Once en el Futbol’ y ‘Solo de Futbol’.

 

Enterado de todo lo posible del aspecto nacional, y algo del futbol internacional (en aquellos tiempo no había la difusión de hoy en día). Ya había pasado la vergüenza de los Ratones Verdes en Haití, -lo que nos costó la eliminación de la Copa del Mundo de Alemania 74-, ya había llegado Johan Cruyff, el jugador de moda al Barcelona y ya había renunciado Pelé, Edson Arantes do Nascimento, el mejor jugador del mundo, a jugar con su selección, la brasileña.

 

En México, mis Cremas del América, luego de tres temporadas consecutivas de no calificar a las finales (hoy conocidas como Liguillas) hicieron varios cambios en su plantel, empezando por el entrenador, Raúl Cárdenas, que a su vez, llevó a las filas de nuestro equipo a veteranos como Francisco Castrejón, Cesáreo Victorino, Javier Sánchez Galindo y Alcindo Martha de Freitas.

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Con tan buena suerte, que el equipo empezó a funcionar desde el mismo principio, y se situó en la punta del campeonato 1975-76 rápidamente. Pues bien, mi vida continuaba, y yo más feliz que de costumbre por los grandes resultados que el América estaba obteniendo. Un buen día, se presenta en la puerta del colegio mi tío Luis, un hermano de mi mamá, y me dijo, “me pidieron que viniera por ti hoy”, cosa que me extrañó, por cierto.

 

“Vamos a pasar a comer primero, luego te llevo a tu casa”. Le dije que estaba bien, y agarramos camino. Llegamos a un lugar situado en Insurgentes Sur, de nombre ‘Hoyo 18’,  en ese entonces, uno de los mejores restaurantes de México.

 

“Ya tengo reservación” dijo mi tío al llegar al restaurante.

“Ah sí, mesa para 5”, le dijo el gerente del lugar.

“¿Para cinco?, si sólo somos tú y yo”, le dije a mi familiar.

“Es que vamos a comer con unos amigos”, me contestó.

 

Total, que nos sentamos, él y yo, y empezamos a platicar, de lo típico, de ‘¿cómo me he portado’?, de la escuela y del futbol… en eso, levanté la mirada y vi venir hacia nuestra mesa a una figura conocida. Me quedé en shock. No sabía si era cierto.

 

-“Hola Héctor, ¿cómo estás?”, me dijo el inusitado personaje.

“Bien gracias”, le dije mientras yo pensaba dentro de mí, que qué rayos pasaba, si no era un sueño. Atrás de él, otras dos figuras públicas llegaron, me saludaron y abrazaron, como si yo fuera, hijo de ambos.

 

Mi corazón palpitaba a mil por hora, no lo asimilaba, hasta que ya todos sentados, mi tío me dijo, “como sabes tanto de ‘fut’, invite a estos amigos para que platiques de futbol con ellos, que de esto saben un poquito”. Eso fue suficiente para romper el hielo, y las carcajadas de los cinco se oyeron casi hasta la salida del restaurante.

 

El primero en llegar había sido Carlos Reinoso, el mejor jugador de México y que por cierto, era uno de mis dos máximos ídolos –el otro, Enrique Borja-. Con el asistieron Rafael “Wama” Puente, arquero azulcrema y de la Selección Nacional y el moreno Alcindo Martha de Freitas, quien era el goleador en ese momento de los Millonetas, otros dos cracks a quien yo admiraba.

 

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Me trataron de maravilla, fue la mejor comida de mi vida, el mejor regalo (hasta ese momento, porque esto mismo trajo algo más), y me sentí en las casi tres hora que duró el convivio, como la persona más importante del mundo.

 

“Pregúntales de todo”, me dijo mi tío, y lo obedecí al pie de la letra. A Reinoso le pregunté que, ¿Qué había sentido en su actuación en el Mundial de Alemania 74’? donde tuvo muy buena participación, le pregunté por su golazo de media cancha al Atlético Español y también lo interrogué sobre por qué ahora – en esa temporada- usaba el número nueve, en lugar del ocho. “Es cosa de Cárdenas, así nos puso los números… y no me gusta usar el nueve”, me respondió.

 

Al “Wama” le dije que para cuando regresaría a las canchas, estaba recién operado de su rodilla y tuvo que dejar su lugar como seleccionado nacional y en el equipo de Coapa para tratarse. Recuerdo su respuesta: “Muy pronto estaré de regreso pero quédate tranquilo, Verderi y Castrejón lo están haciendo muy bien”.

 

Al gran Alcindo, de extraordinario trato, le dije que, ¿Qué había sentido que al principio la gente no lo hubiera querido porque le había quitado el lugar a Borja y al “Pata Bendita”? Humilde y sencillo me dijo, que el cambio del Jalisco al América, le benefició tanto a él como a Osvaldo Castro, nuestro añorado “Pata” (y así fue, ambos hicieron goles por racimos en sus nuevos equipos). Donde sí se puso más serio fue en el tema de Borja, y recuerdo que me dijo, que había sido duro tener que luchar con eso, porque sabía perfecto que Enrique era el ídolo de México y además un extraordinario goleador, pero aprovechó una operación del “Cyrano” en el hombro, para no soltar el puesto, y estaba dando resultados. Recuerdo que me habló de Dios nuestro señor, y me dijo que si Dios quería, él seguiría jugando de titular, y si no, no pasaba nada.

 

La comida siguió y los buenos momentos también. Pero el momento de la retirada llegó, no sin antes hacerme una invitación: “En nuestro siguiente partido, te invitamos como mascota”. Ahí, el corazón se me salió y casi me infarto. Espere el momento con ansia, contaba los días, esperaba diario la llamada de mi tío, para que me avisara, hasta que el momento llegó y fieles a sus palabras, cumplieron lo prometido. Eso fue la noche del jueves 13 de mayo de 1976, cuando recibimos y goleamos al Veracruz, con tres tantos del gran Alcindo, uno más de Cristóbal Ortega y uno anulado, al propio “Maestro” Reinoso que ingresó en el segundo tiempo, luego de estar ausente mucho tiempo por una intervención quirúrgica.foto-3-alcindo-reinoso-y-puente-una aventura-inolvidable

 

 

Anotaron cinco y contaron cuatro, ganamos 4-2. Como sea, para mí fue inolvidable, maravilloso, estuve con ellos en el vestidor antes del partido, salí corriendo con ellos al terreno de juego, y saludé a la gente junto con el equipo, como si yo hubiera sido jugador también. A mis ya catorce años, fue la noche de mi vida. En el vestidor, nuestro centro delantero brasileño, ex Mundialista en Inglaterra 66’ me dijo “Voy hacer un gol para ti muchacho”. Y lo cumplió con creces, marcó tres. En Paz Descansa querido Alcindo, nunca voy a olvidar eso, como tampoco nunca te olvidaré, fuiste parte, junto con Reinoso y Puente, de la mayor alegría futbolística en toda mi vida.

Aquí les regalo la fotografía de ese partido, que cuando salió publicada tiempo después en la revista ‘Solo de Futbol’, la mandé enmarcar y hoy forma parte esencial de mi despacho y biblioteca.

 

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Atrás están de izquierda a derecha Toño de la Torre, Luis Miguel Barberena, Paco Castrejón, Javier “Chocolate” García, Miguel Ángel Cornero y Alcindo; adelante estamos primeramente su servidor junto al maravilloso “Popeye” René Trujillo y a quien Reinoso antes de salir todos a la cancha le dijo: “te encargo a mi amigo, lo llevas tu” y quien me guio y platicó mucho en el camino al centro del campo, Cristóbal Ortega, Hugo Enrique Kiese, Alejandro Romahn, Mario “Pichojos” Pérez y otro muchachito que salió de mascota también. Veo la foto una y mil veces y solo puedo decir: ¡gracias y arriba el América!

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¡Que siga rodando el balón!… hasta la próxima.

 

Recuerden que pueden seguir escribiéndome sus inquietudes y solicitudes, yo con mucho gusto las tocaré en su momento. Email: [email protected]

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